Somos más caras que una puta.
¿Cuánto te cuesta una puta? ¿Una scort? ¿Cuánto? Vale, ahora recuerda que una mujer que se dedique a otra cosa te costará más…. Hagamos cálculos:
- Cena: 20 pavos (por lo bajo eh?)
- Una copa: 10 pavos
Total: 30 pavos (sin contar si la llevas a casa o le pillas un taxi).
Son 30 pavos más el tiempo de la cena y el tiempo de la copa. Ya sabes: “jajaja, jijiji” un par de risas, manoseos, unas miraditas y ya la tienes.
Si, somos así. Nos hacemos las difíciles pero en el fondo somos más fáciles.
Ese es mi lema, soy más cara que una puta. No me vale eso de alguien que me llama para decirme: “vamos a follar”.
¿Cómo? Ni 5 minutos de risas,de mamoneo, de cervezas???? Eso no gusta, de verdad. Os lo prometo, creedme.
El alcohol y el sexo no molan juntos.
Claro que no. Es una combinación explosiva, como combinar Mentos y Coca-cola… que si, que al principio parece que funciona y piensas: “como mola esto” y luego ¿qué? Luego llega el día siguiente y piensas… o recuerdas… o… no, imposible.
Mira que me gustaba ese chico. Era guapo, no, nono, no era un simple guapo cualquiera. Era uno de esos guapos que se la podías comer con la mirada. Y además, fuimos a cenar.
Todo bonito, estupendo, maravilloso. Vale, llego la parte del alcohol y piensas: “claro, así me animo”.
Y acabas al día siguiente preguntándote: ¿Pero qué coño…?
Pues eso, poco me acuerdo y no estaba muy lúcida que digamos para decir: “joder, qué bien lo hice”.
Mierda. Soy buena -tengo ganas de decirle- soy buena de verdad.
Pero iba borracha.
A él parecía que no le importó. Volvió a llamarme y volvío a solicitarme desnuda en su cama.
Mola. Pero esta vez sin alcohol.
Confesiones de domingo
Ahora estoy muy cachonda. No sabéis cuanto. Cachonda que me puedo correr en cualquier esquina, follarme a cualquier hombre que pase a mi lado.
Y se lo que voy a hacer, en 2 minutos o incluso menos. Tocarme con mis manos, rozarme mientras mi boca exhala un suspiro casi imperceptible, con temor a que me escuchen… Pero por otra parte con ganas de que sepan lo cachonda que estoy.
Que llamen a mi puerta y pregunten por mi. Porque los encuentro en el ascensor y me miran. Me miran mis tetas y noto como su entrepierna se hace cada vez más y más grande. Y me vuelven a mirar. Y me hablan. Y me dicen alguna tontería como: “qué calor hace aqui” o incluso: “menuda vecina tan guapa que tengo”. Y no puedo evitar mirarles. Con mi cara de… “te voy a follar hasta que no puedas más” y algunos no se dejan hacer… Me señalan su anillo de casados y su cara de “tengo-3-hijos-y-soy-fiel” y otros simplemente se dejan… y pasa lo que pasa… claro, en 10 pisos pueden pasar muchas cosas.
Y me encanta… no puedo negarlo. Follar con cada uno de mis vecinos me excita. Igual que con aquellos que, fieles a su mujer, no pueden evitar tocársela delante de mi. Y me mojo mis labios deseando que me follen, que me dejen comérsela, que me la metan muy dentro, y que no pueda dejar de gemir en el ascensor.
Gracias, de verdad. A todos los hombres que cumplen mis fantasías -en el ascensor- cada día.
Confesiones de jueves

Lisa Boyle©
Me encantan los baños públicos. Vale, son incómodos, lo se… Pero tienen su morbo. Solo hay una puerta de madera -y a veces incluso, ni eso- que te separa del exterior, de la gente que está lavándose las manos, de las mujeres que están al otro lado de la puerta o de, en este caso, los hombres.
No me gusta hacerlo en el baño de las tías, las tías son más pudorosas para eso. Te ven salir y tus oídos empiezan a pitar. En cambio, en el baño de un hombre es diferente ¿porqué? Muy sencillo…
- Los hombres no lo usan mucho -depende de cómo les haya sentado la cena, claro-.
- Los hombres si te ven salir del baño, te dan un aplauso y te hacen la ola, si hace falta.
Por eso me gusta. Como hoy.
Creo que es la primavera, el calor de Mayo/Junio o la luna que me influye en estos días pero estoy muy cachonda. y cuando hablo de mucho es… mucho.
Y ha surgido así, sin avisar. Sin nada predefinido ni un guión establecido.
Llevaba camisa blanca y pantalones vaqueros. Aún con la luz ténue de la discoteca podía notar su polla apretándole el pantalón. No podía hacer más que imaginarmela en mi boca y en mi coño que, cada vez, se estaba poniendo más húmedo.
y vino -y no se si vino porque me pilló mirándosela- pero me hice la tonta. Intercambiamos varias palabras absurdas y preguntas que realmente no me interesaban nada, sólo quería saber de él si su polla era tan dulce como parecía, si la tenía grande o si me iba a follar bruscamente, tirándome del pelo, como a mi me gusta.
Y, pregúntenselo al vodka porque yo no me acuerdo, llegué al baño de chicos y nos empezamos a besar, de una forma brusca, violenta. De echo, la gente que había en el baño parecía asustada… o tenían envidia (una de dos, no podía estar a todo!).
Me metí en el baño, y con cuidado de no mancharme (si, soy así… me gustan los baños públicos pero no quiero mancharme en ellos) bajé la tapa y le senté en el baño. Le comencé a desabrochar la camisa poco a poco mientras él me tocaba las tetas con ímpetu. Bajé la cabeza y desabroché el pantalón con las manos. Llevaba unos slips naranjas fosforitos (¿?¿?¿?¿ no iba a preguntar en ese momento, me parecía un detalle carente de importancia) que dejaban ver su gran polla. Dios mío, estaba muy bien dotado. Me encantó metérmela en la boca, y me encantó que me suplicara que parara para follarme -porque si no se iba a correr-.
Y follamos, en un baño de chicos, mientras me tiraba del pelo -como a mi me gusta- con sus calzoncillos naranja fosforitos por la rodilla y la música de fondo.
Sin duda, una gran noche.
Mírame a las tetas cuando te hablo.

“Bruno Bisang© – Têle, Paris ‘98″
Me encanta que me miren las tetas. Me encanta ir por la calle con un escote de infarto enseñando mi bien-puesta 95 y que los hombres no puedan apartar sus ojos de ellas.
No entiendo a las mujeres que, aún poniéndose escotes, se molestan cuando un hombre les mira… ¿Entonces?!?!?! Ponte un jersey cuello vuelto, así será más fácil para ellos.
¿o no? Es como si un hombre va con el pene al aire por mitad de la Gran Vía madrileña y no deja de quejarse porque todas le miramos esa maravilla…
A mi me encanta que me las miren. Que fantaseen con ellas, que los 2 segundos que dura nuestro encuentro en la calle empiece a notar ese hormigueo en la polla y no pueda resistirse cuando llegue a casa. Me encanta que imaginen cómo serán mis pezones y todo lo que los lamerán mientras yo gimo de placer. Que se corran a escondidas, que planifiquen nuestro encuentro.


